sábado, 29 de enero de 2011


Fenomenología

Para las observaciones empíricas de fenómenos, véase Fenomenología (ciencias).

La fenomenología (del griego: φαινόμενoν: "apariencia", λογος: "estudio, tratado") es una parte o ciencia de la filosofía que estudia y analiza los fenómenos lanzados a la conciencia. Dicho de otro modo, la fenomenología es la ciencia que estudia la relación que hay entre los hechos (fenómenos) y el ámbito en que se hace presente esta realidad (psiquismo, la conciencia).

Lo que vemos no es el objeto en sí mismo, sino cómo y cuándo es dado en los actos intencionales. El conocimiento de las esencias sólo es posible obviando todas las presunciones sobre la existencia de un mundo exterior y los aspectos sin esencia (subjetivos) de cómo el objeto es dado a nosotros. Este proceso fue denominado epoché por Edmund Husserl, el padre de la fenomenología y se le caracteriza por poner entre paréntesis la existencia de las cosas; es decir, va a las cosas mismas.

Husserl introduce más tarde el método de reducción fenomenológica para eliminar la existencia de objetos extramentales. Quería concentrarse en lo ideal, en la estructura esencial de la conciencia. Lo que queda después de esto es el ego transcendental que se opone al concreto ego empírico. Ahora con esta filosofía se estudian las estructuras esenciales que hay en la pura conciencia, el noemata y las relaciones entre ellos.

La fenomenología también es un método. A diferencia del método cartesiano que tomaba por "real" todo aquello que fuera primero dudado y luego pensado de manera "clara y distinta", el método fenomenológico toma por real todo aquello que es pensado de manera clara y distinta y puesto en perspectiva temporal. Así, hoy se habla de una psicología, una politología, una historiología fundamentadas explícitamente por el método fenomenológico y se trabaja en un desarrollo de las ciencias matemáticas y físicas, por poner algunos ejemplos.

La fenomenología aspira al conocimiento estricto de los fenómenos. Esta última palabra puede inducir a error pues con frecuencia la utilizamos para referirnos a las apariencias sensibles de las cosas, apariencias que no coinciden con la supuesta realidad que debajo de ellas se encuentra. La fenomenología no entiende así los fenómenos, pues para esta corriente filosófica los fenómenos son, simplemente, las cosas tal y como se muestran, tal y como se ofrecen a la conciencia.

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[editar]La conciencia en la fenomenología

La fenomenología es la ciencia que estudia la relación que hay entre los hechos (fenómenos) y el ámbito en que se hace presente esta realidad (siquismo, la conciencia).

La conciencia es intencional, está lanzada al futuro. Es un "ir hacia" que busca, encuentra y sobrepasa lo encontrado.

La conciencia se mueve en tres tiempos (imaginación, sensación y memoria como futuro, presente y pasado). Los tiempos de conciencia se dan indisolublemente en estructura primando siempre el "ir hacia", la intención. En la conciencia, a diferencia del tiempo público que va desde el pasado hacia el futuro, puede estar en el pasado "recordando" algo mientras experimenta la sensación que le produce ese recuerdo. Recuerdo que no se presenta pasivamente sino que es evocado por una necesidad de futuro (intencionado).

El primado del futuro coloca a la conciencia frente al problema de la muerte (finitud), de tal manera que no hay acto en ella que en última instancia no esté relacionado.

La conciencia trabaja en estructura con el mundo, por lo cual hablar de un fenómeno es indisoluble de hablar de la conciencia y a la inversa; para hablar de la conciencia siempre tendremos que hacerlo con un fenómeno.

Entendemos por descripción fenomenológica a toda descripción que se haga de la conciencia referida a un fenómeno desde el punto de vista de la temporalidad.

Entendemos por reducción fenomenológica a la intención que pone conciencia en todo acto, en todo fenómeno. De ahí que en toda descripción fenomenológica lleve implícita en su desarrollo su correspondiente reducción fenomenológica. Y a su vez, no es posible hacer una reducción fenomenológica sin su correspondiente descripción fenomenológica.

La intención que pone conciencia en un acto, también se llama esencia y es el objeto de la reducción fenomenológica.

[editar]Solipsismo y Fenomenología

Una de las acusaciones que se le hacen a la Fenomenología es su presunta incapacidad de llegar al "objeto en sí", en cuanto independiente de la Conciencia. Autores tan importantes como José Ortega y Gasset, solamente al final de su vida, concedieron a la Fenomenología una posibilidad de ruptura con el solipsismo.

Este problema es resuelto por Heidegger apelando a un análisis de la temporalidad. Dirá que el tiempo para la conciencia que lo experimenta no es una sucesión de instantes "del pasado al futuro", sino un "ir hacia el futuro (finitud) que va cobrando conciencia de su ir. Ejemplificando: Uno va hacia su muerte, y en este ir va "siendo", de tal manera que lo que es, es "en la muerte". Una representación de conciencia, en cuanto a su temporalidad, no se entiende si no es "como acumulación del momento anterior" que va fluyendo en el tiempo, hasta su final, de momento que ya "es" en su final. En un momento dado, esa representación "conserva" los elementos añadidos en el tiempo.

Ahora bien, por la comprensión de la propia finitud, se cae en cuenta que el "mundo", en cuanto temporalidad, tiene la misma estructura. Las cosas no "desaparecen", se conservan en un "ir yendo" hacia su finitud, de tal manera que solamente son en su finitud.

De ahí que en su origen, conciencia nace del mundo, está en todo momento en el mundo y su destino es en el mundo, que como mundo, tiene una temporalidad más extendida que la conciencia. Pero tienen en común su misma estructura temporal.

Dirá Heidegger que es la dificultad en asumir la propia finitud, la que impide ver que el tiempo no es una "sucesión de instantes hasta el infinito". No es de un pasado hasta el futuro infinito, entonces. Es de un finitismo que, en su conclusión revela la historicidad intrínseca de todo fenómeno, sea este del yo-observador, de la representación intencionada ó del objeto "en sí" en el mundo.

Por otro lado: Tenemos noticia del objeto del mundo a través de la sensación. Sensación que estructurada es dada en conciencia como percepción. Puesto que en conciencia no se puede dar ningún fenómeno que no sea "espacializado",con un color y una extensión (Husserl), no cabe otra manera de entender cómo conciencia puede atrapar una sensación que no sea "espacializada en sí". También, cuando dejamos un objeto, y al cabo de un rato volvemos a tocarlo, se nos revela una "acumulación temporal", en el sentido de que el objeto como percepción "no desaparece para conciencia", mantiene su historicidad intrínseca como objeto.

Sintetizando: En conciencia y en "el objeto en sí en el mundo", en esencia, todo es un "ir hacia" (futuro) y un dar "cuenta de algo"(pasado) que se da en la forma de espacialización (momento presente). Esto plantea una dificultad de comprensión que se resuelve teniendo copresente el registro de la propia finitud del que se interroga por la existencia real del mundo, que no se da a conciencia independientemente del observador, pero es comprendido por ella en el sentido de "lo que estaba, lo que está y lo que estará cuando yo no esté". Y es imposible verlo solamente desde la ingenuidad del "momento presente", en el cual toda representación siempre es para conciencia "conciencia de algo" y no una mera "fotografía" despojada de su intencionalidad. De ahí que sea una ingenuidad tratar de hacer descripciones y reducciones fenomenológicas sin tener copresentemente, por parte del que las realiza, el registro de su propia finitud.

[editar]Fenomenología y Nihilismo

Parejamente a la acusación de solipsismo, a la Fenomenología se le ha acusado de proponer una actitud nihilista frente a la vida. Apurando esa actitud, llegaríamos a la conclusión de que la vida acaba con la muerte, y que no tiene sentido (en el sentido de dirección hacia el futuro), porque dicho futuro es negado por la muerte.

Será la malagueña María Zambrano en El Sueño Creador quien empiece la discusión con el nihilismo al notar que el tiempo en conciencia se da en una discontinuidad. Cuando dormimos, "desconectamos" y luego volvemos a conectar. También conciencia al ser intencional (acto-objeto), entre objeto y acto hay discontinuidad. Las percepciones son siempre referidas a sentidos (sean internos del intracuerpo o externos referidas a la externidad del cuerpo), y se dan de manera discontínua. Las percepciones, por otro lado son "abstracciones" que se formalizan en una representación y que, necesariamente, implican un "detener" el tiempo, haciéndolo discontínuo. (Husserl, en Lecciones de Fenomenología de la Conciencia Interna del Tiempo). A su vez, el tiempo público, tiene su propio "ritmo", en el sentido de que no ocurren las cosas "en el instante", sino que tienen un proceso con una duración temporal. Ese ritmo, no es explicable sin una discontinuidad. Por último, no sería posible actuar sobre el mundo, si las cosas ya "son" en su finitud, sin una discontinuidad que permitiese hacer un cambio en los acontecimientos.

Esta discontinuidad, es atemporal. Y es gracias a ella que la conciencia es esencialmente abstractiva (en el sentido de que se mueve con imágenes, que siempre "detienen" la realidad) y que puede moverse y "mover" al mundo.

Conciencia no puede dar cuenta de lo atemporal. Puede caer en cuenta de lo atemporal por cotejo con la temporalidad de otras conciencias y del mundo. Y tampoco se puede hacer una descripción fenomenológica (siempre desde el punto de vista de la temporalidad) ni una reducción (pues conciencia no puede poner una intención fuera del tiempo). El análisis de lo atemporal se reduce entonces a un análisis de la intersubjetividad y de la mundanidad para la conciencia. Podemos comprender (a modo de hipótesis) lo temporal y lo atemporal como estructurados entre sí. Pero no podemos hacer descripción fenomenológica de "lo atemporal en sí".

Ahora bien: Podemos describir los cambios en la temporalidad de la conciencia "arbitrarios" que se producen por la estructura que forma con lo atemporal. Podemos decir... "perdí el hilo" (siempre con referencia "al otro"), "no recuerdo qué pasó" (siempre con refernecia "al mundo" , "me dormí". Y podemos rastrear los cambios de dirección que se dan en conciencia (inspiraciones, de las que los grandes científicos y místicos nos hablan siempre referidas "al mundo" y "a los otros"). Esta intuición-comprensión lleva a plantear las cosas también de otra manera: Puesto que el momento presente es síntesis de un futuro que todavía no es (inexistente) y un pasado que tampoco es (lo pasado fué, ya no es), el determinismo del momento presente (acompañado de su atemporalidad en forma de discontinuidad) se revela como "lo que menos es", como lo irrelevante. Por otro lado, no podemos decir nada de esa atemporalidad, que es la que "dona" a su vez la temporalidad , el "ser de la cosa en sí".

Veámoslo desde otro punto de vista (Ortega y Gasset, fundamentalmente). De entre todos los actos-objetos posibles, se realiza uno, y solamente uno en cada momento temporal. Los otros "posibles", son dados dentro de las posibilidades de su existencia, es decir, como "pasado posible de concretarse en el futuro", como memoria que de toda la posible, solo una parte se concreta. Y éste es el fundamento del intencionar. La elección de una posibilidad entre las posibles (no existentes). Y todo ésto, desde una búsqueda hacia su proyección (posibilidades futuras). Dicho de otra manera: podemos concebir lo atemporal como todo aquello que no es... Esto es una frase, y no es un elefante, y no es una casa... etc. (Ortega habla largo y tendido de "lo que no es" en "Ideas y creencias"). Estamos hablando en rigor "desde la temporalidad", pero a la manera racio-vitalista.

Y la realidad es entonces lo que es (el presente) y lo que no es (el pasado en todas sus combinaciones y el posible futuro, en todas las suyas. Aquello que "no es presente"). También el "yo-observador", con su capacidad de elección "materializa" lo posible de la intención, muestra en su mismisidad cómo lo atemporal no es mera posibilidad, cuando, emplazado en el presente, es capaz de "moverse" por el futuro (imaginando) y el pasado (recordando). Atemporalidad que puesta en perspectiva, se revela como esencia de lo temporal.

Desde éstos planteos, no cabe la actitud nihilista: De la muerte nada se puede decir, puesto que por definición es "la no-existencia". Lo que habría que rastrear entonces, es porqué a esa "no-existencia" se la identifica como la nada, y no como la atemporalidad, origen precisamente de toda temporalidad. Es decir, como lo inmortal generando la ilusión de lo mortal, lo temporal).

Sintetizando: De la muerte nada podemos decir, desde el punto de vista de la temporalidad. Pero la fé en la trascendencia es posible desde ella, así como la falta de fé. Las actitudes nihilistas surgen de un encerramiento hacia "el otro" y hacia "el mundo". Es precisamente la falta de "sentido" la que se revela en la violencia cotidiana donde el otro es cosificado y el mundo utilizado en el propio beneficiio, precisamente porque son negados, y al ser negados, aparece la copresencia de la muerte no como algo posibilitario y querido, sino como la cerrazón de todo destino. Cada uno debe examinar la postura que mejor aclare su existencia, pero acusar a la fenomenología de nihilismo es, a todas luces, un exceso.

"...Por otra parte, jamás pregunto a otro por sus particulares creencias y, en todo caso, aunque defino con claridad mi posición respecto a este punto, proclamo para todo ser humano la libertad de creer o no creer en Dios y la libertad de creer o no creer en la inmortalidad" (Silo, declaración de México, 19


Fenomenología

Para las observaciones empíricas de fenómenos, véase Fenomenología (ciencias).

La fenomenología (del griego: φαινόμενoν: "apariencia", λογος: "estudio, tratado") es una parte o ciencia de la filosofía que estudia y analiza los fenómenos lanzados a la conciencia. Dicho de otro modo, la fenomenología es la ciencia que estudia la relación que hay entre los hechos (fenómenos) y el ámbito en que se hace presente esta realidad (psiquismo, la conciencia).

Lo que vemos no es el objeto en sí mismo, sino cómo y cuándo es dado en los actos intencionales. El conocimiento de las esencias sólo es posible obviando todas las presunciones sobre la existencia de un mundo exterior y los aspectos sin esencia (subjetivos) de cómo el objeto es dado a nosotros. Este proceso fue denominado epoché por Edmund Husserl, el padre de la fenomenología y se le caracteriza por poner entre paréntesis la existencia de las cosas; es decir, va a las cosas mismas.

Husserl introduce más tarde el método de reducción fenomenológica para eliminar la existencia de objetos extramentales. Quería concentrarse en lo ideal, en la estructura esencial de la conciencia. Lo que queda después de esto es el ego transcendental que se opone al concreto ego empírico. Ahora con esta filosofía se estudian las estructuras esenciales que hay en la pura conciencia, el noemata y las relaciones entre ellos.

La fenomenología también es un método. A diferencia del método cartesiano que tomaba por "real" todo aquello que fuera primero dudado y luego pensado de manera "clara y distinta", el método fenomenológico toma por real todo aquello que es pensado de manera clara y distinta y puesto en perspectiva temporal. Así, hoy se habla de una psicología, una politología, una historiología fundamentadas explícitamente por el método fenomenológico y se trabaja en un desarrollo de las ciencias matemáticas y físicas, por poner algunos ejemplos.

La fenomenología aspira al conocimiento estricto de los fenómenos. Esta última palabra puede inducir a error pues con frecuencia la utilizamos para referirnos a las apariencias sensibles de las cosas, apariencias que no coinciden con la supuesta realidad que debajo de ellas se encuentra. La fenomenología no entiende así los fenómenos, pues para esta corriente filosófica los fenómenos son, simplemente, las cosas tal y como se muestran, tal y como se ofrecen a la conciencia.

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[editar]La conciencia en la fenomenología

La fenomenología es la ciencia que estudia la relación que hay entre los hechos (fenómenos) y el ámbito en que se hace presente esta realidad (siquismo, la conciencia).

La conciencia es intencional, está lanzada al futuro. Es un "ir hacia" que busca, encuentra y sobrepasa lo encontrado.

La conciencia se mueve en tres tiempos (imaginación, sensación y memoria como futuro, presente y pasado). Los tiempos de conciencia se dan indisolublemente en estructura primando siempre el "ir hacia", la intención. En la conciencia, a diferencia del tiempo público que va desde el pasado hacia el futuro, puede estar en el pasado "recordando" algo mientras experimenta la sensación que le produce ese recuerdo. Recuerdo que no se presenta pasivamente sino que es evocado por una necesidad de futuro (intencionado).

El primado del futuro coloca a la conciencia frente al problema de la muerte (finitud), de tal manera que no hay acto en ella que en última instancia no esté relacionado.

La conciencia trabaja en estructura con el mundo, por lo cual hablar de un fenómeno es indisoluble de hablar de la conciencia y a la inversa; para hablar de la conciencia siempre tendremos que hacerlo con un fenómeno.

Entendemos por descripción fenomenológica a toda descripción que se haga de la conciencia referida a un fenómeno desde el punto de vista de la temporalidad.

Entendemos por reducción fenomenológica a la intención que pone conciencia en todo acto, en todo fenómeno. De ahí que en toda descripción fenomenológica lleve implícita en su desarrollo su correspondiente reducción fenomenológica. Y a su vez, no es posible hacer una reducción fenomenológica sin su correspondiente descripción fenomenológica.

La intención que pone conciencia en un acto, también se llama esencia y es el objeto de la reducción fenomenológica.

[editar]Solipsismo y Fenomenología

Una de las acusaciones que se le hacen a la Fenomenología es su presunta incapacidad de llegar al "objeto en sí", en cuanto independiente de la Conciencia. Autores tan importantes como José Ortega y Gasset, solamente al final de su vida, concedieron a la Fenomenología una posibilidad de ruptura con el solipsismo.

Este problema es resuelto por Heidegger apelando a un análisis de la temporalidad. Dirá que el tiempo para la conciencia que lo experimenta no es una sucesión de instantes "del pasado al futuro", sino un "ir hacia el futuro (finitud) que va cobrando conciencia de su ir. Ejemplificando: Uno va hacia su muerte, y en este ir va "siendo", de tal manera que lo que es, es "en la muerte". Una representación de conciencia, en cuanto a su temporalidad, no se entiende si no es "como acumulación del momento anterior" que va fluyendo en el tiempo, hasta su final, de momento que ya "es" en su final. En un momento dado, esa representación "conserva" los elementos añadidos en el tiempo.

Ahora bien, por la comprensión de la propia finitud, se cae en cuenta que el "mundo", en cuanto temporalidad, tiene la misma estructura. Las cosas no "desaparecen", se conservan en un "ir yendo" hacia su finitud, de tal manera que solamente son en su finitud.

De ahí que en su origen, conciencia nace del mundo, está en todo momento en el mundo y su destino es en el mundo, que como mundo, tiene una temporalidad más extendida que la conciencia. Pero tienen en común su misma estructura temporal.

Dirá Heidegger que es la dificultad en asumir la propia finitud, la que impide ver que el tiempo no es una "sucesión de instantes hasta el infinito". No es de un pasado hasta el futuro infinito, entonces. Es de un finitismo que, en su conclusión revela la historicidad intrínseca de todo fenómeno, sea este del yo-observador, de la representación intencionada ó del objeto "en sí" en el mundo.

Por otro lado: Tenemos noticia del objeto del mundo a través de la sensación. Sensación que estructurada es dada en conciencia como percepción. Puesto que en conciencia no se puede dar ningún fenómeno que no sea "espacializado",con un color y una extensión (Husserl), no cabe otra manera de entender cómo conciencia puede atrapar una sensación que no sea "espacializada en sí". También, cuando dejamos un objeto, y al cabo de un rato volvemos a tocarlo, se nos revela una "acumulación temporal", en el sentido de que el objeto como percepción "no desaparece para conciencia", mantiene su historicidad intrínseca como objeto.

Sintetizando: En conciencia y en "el objeto en sí en el mundo", en esencia, todo es un "ir hacia" (futuro) y un dar "cuenta de algo"(pasado) que se da en la forma de espacialización (momento presente). Esto plantea una dificultad de comprensión que se resuelve teniendo copresente el registro de la propia finitud del que se interroga por la existencia real del mundo, que no se da a conciencia independientemente del observador, pero es comprendido por ella en el sentido de "lo que estaba, lo que está y lo que estará cuando yo no esté". Y es imposible verlo solamente desde la ingenuidad del "momento presente", en el cual toda representación siempre es para conciencia "conciencia de algo" y no una mera "fotografía" despojada de su intencionalidad. De ahí que sea una ingenuidad tratar de hacer descripciones y reducciones fenomenológicas sin tener copresentemente, por parte del que las realiza, el registro de su propia finitud.

[editar]Fenomenología y Nihilismo

Parejamente a la acusación de solipsismo, a la Fenomenología se le ha acusado de proponer una actitud nihilista frente a la vida. Apurando esa actitud, llegaríamos a la conclusión de que la vida acaba con la muerte, y que no tiene sentido (en el sentido de dirección hacia el futuro), porque dicho futuro es negado por la muerte.

Será la malagueña María Zambrano en El Sueño Creador quien empiece la discusión con el nihilismo al notar que el tiempo en conciencia se da en una discontinuidad. Cuando dormimos, "desconectamos" y luego volvemos a conectar. También conciencia al ser intencional (acto-objeto), entre objeto y acto hay discontinuidad. Las percepciones son siempre referidas a sentidos (sean internos del intracuerpo o externos referidas a la externidad del cuerpo), y se dan de manera discontínua. Las percepciones, por otro lado son "abstracciones" que se formalizan en una representación y que, necesariamente, implican un "detener" el tiempo, haciéndolo discontínuo. (Husserl, en Lecciones de Fenomenología de la Conciencia Interna del Tiempo). A su vez, el tiempo público, tiene su propio "ritmo", en el sentido de que no ocurren las cosas "en el instante", sino que tienen un proceso con una duración temporal. Ese ritmo, no es explicable sin una discontinuidad. Por último, no sería posible actuar sobre el mundo, si las cosas ya "son" en su finitud, sin una discontinuidad que permitiese hacer un cambio en los acontecimientos.

Esta discontinuidad, es atemporal. Y es gracias a ella que la conciencia es esencialmente abstractiva (en el sentido de que se mueve con imágenes, que siempre "detienen" la realidad) y que puede moverse y "mover" al mundo.

Conciencia no puede dar cuenta de lo atemporal. Puede caer en cuenta de lo atemporal por cotejo con la temporalidad de otras conciencias y del mundo. Y tampoco se puede hacer una descripción fenomenológica (siempre desde el punto de vista de la temporalidad) ni una reducción (pues conciencia no puede poner una intención fuera del tiempo). El análisis de lo atemporal se reduce entonces a un análisis de la intersubjetividad y de la mundanidad para la conciencia. Podemos comprender (a modo de hipótesis) lo temporal y lo atemporal como estructurados entre sí. Pero no podemos hacer descripción fenomenológica de "lo atemporal en sí".

Ahora bien: Podemos describir los cambios en la temporalidad de la conciencia "arbitrarios" que se producen por la estructura que forma con lo atemporal. Podemos decir... "perdí el hilo" (siempre con referencia "al otro"), "no recuerdo qué pasó" (siempre con refernecia "al mundo" , "me dormí". Y podemos rastrear los cambios de dirección que se dan en conciencia (inspiraciones, de las que los grandes científicos y místicos nos hablan siempre referidas "al mundo" y "a los otros"). Esta intuición-comprensión lleva a plantear las cosas también de otra manera: Puesto que el momento presente es síntesis de un futuro que todavía no es (inexistente) y un pasado que tampoco es (lo pasado fué, ya no es), el determinismo del momento presente (acompañado de su atemporalidad en forma de discontinuidad) se revela como "lo que menos es", como lo irrelevante. Por otro lado, no podemos decir nada de esa atemporalidad, que es la que "dona" a su vez la temporalidad , el "ser de la cosa en sí".

Veámoslo desde otro punto de vista (Ortega y Gasset, fundamentalmente). De entre todos los actos-objetos posibles, se realiza uno, y solamente uno en cada momento temporal. Los otros "posibles", son dados dentro de las posibilidades de su existencia, es decir, como "pasado posible de concretarse en el futuro", como memoria que de toda la posible, solo una parte se concreta. Y éste es el fundamento del intencionar. La elección de una posibilidad entre las posibles (no existentes). Y todo ésto, desde una búsqueda hacia su proyección (posibilidades futuras). Dicho de otra manera: podemos concebir lo atemporal como todo aquello que no es... Esto es una frase, y no es un elefante, y no es una casa... etc. (Ortega habla largo y tendido de "lo que no es" en "Ideas y creencias"). Estamos hablando en rigor "desde la temporalidad", pero a la manera racio-vitalista.

Y la realidad es entonces lo que es (el presente) y lo que no es (el pasado en todas sus combinaciones y el posible futuro, en todas las suyas. Aquello que "no es presente"). También el "yo-observador", con su capacidad de elección "materializa" lo posible de la intención, muestra en su mismisidad cómo lo atemporal no es mera posibilidad, cuando, emplazado en el presente, es capaz de "moverse" por el futuro (imaginando) y el pasado (recordando). Atemporalidad que puesta en perspectiva, se revela como esencia de lo temporal.

Desde éstos planteos, no cabe la actitud nihilista: De la muerte nada se puede decir, puesto que por definición es "la no-existencia". Lo que habría que rastrear entonces, es porqué a esa "no-existencia" se la identifica como la nada, y no como la atemporalidad, origen precisamente de toda temporalidad. Es decir, como lo inmortal generando la ilusión de lo mortal, lo temporal).

Sintetizando: De la muerte nada podemos decir, desde el punto de vista de la temporalidad. Pero la fé en la trascendencia es posible desde ella, así como la falta de fé. Las actitudes nihilistas surgen de un encerramiento hacia "el otro" y hacia "el mundo". Es precisamente la falta de "sentido" la que se revela en la violencia cotidiana donde el otro es cosificado y el mundo utilizado en el propio beneficiio, precisamente porque son negados, y al ser negados, aparece la copresencia de la muerte no como algo posibilitario y querido, sino como la cerrazón de todo destino. Cada uno debe examinar la postura que mejor aclare su existencia, pero acusar a la fenomenología de nihilismo es, a todas luces, un exceso.

"...Por otra parte, jamás pregunto a otro por sus particulares creencias y, en todo caso, aunque defino con claridad mi posición respecto a este punto, proclamo para todo ser humano la libertad de creer o no creer en Dios y la libertad de creer o no creer en la inmortalidad" (Silo, declaración de México, 19

heidegger


Filósofo de los malentendidos, tanto por sus simpatías por el nazismo como por su poco sistemática, oscura y poética obra, Heidegger abrió la filosofía a una nueva interpretación del mundo y del hombre, a través de la cual se deja oír la voz del ser.

Martín Heidegger nace en 1889 en Messkirch, Baden (Alemania). De familia católica, entra como becario en el instituto de Constanza en 1906, donde se prepara para la carrera sacerdotal, que posteriormente abandona por su dedicación a la filosofía.

En 1909 ingresa en la universidad de Friburgo, convirtiéndose en alumno del neokantiano Heinrich Rickert, y concluye sus estudios universitarios en 1913, con una tesis sobre La teoría del juicio en el psicologismo.


Al inicio de la Primera Guerra Mundial es reclutado por el ejército, donde se le licencia por una dolencia cardiaca, y un año después es nombrado privatdozent en la Universidad Albert-Ludwig de Friburgo de Brisgovia, dando diferentes cursos y seminarios, como San Agustín y el neoplatonismo y Lecciones fenomenológicas, en torno a la filosofía de Husserl.

En 1917 contrae matrimonio con Elfriede Petri, hija de un alto oficial prusiano, y seis años después se le nombra profesor extraordinario de la Universidad Philipps de Marburgo, donde imparte numerosas lecciones sobre un gran número de filósofos.

Después de establecer una historia de amor con Hannah Arendt, en 1926 Heidegger terminaSein und Seit (Ser y Tiempo), una de sus obras más influyentes e importantes, a pesar de quedar inconclusa.

En 1929 reemplaza a Husserl como profesor titular en la Universidad de Friburgo, y publicaKant y el problema de la metafísica. Tres años después alcanza el puesto de rector, y se afilia al partido nacionalsocialista cuando los nazis llegan al poder. En un primer momento, realiza una labor propagandista del régimen, pero un año después, desilusionado, renuncia a su cargo, hecho que no le libra de una ambigua y controvertida situación duramente criticada por sus contemporáneos.

A partir de entonces, Heidegger no publicará prácticamente nada hasta 1942, dedicándose intensivamente a la labor docente, que se plasma en los siguientes cursos: Introducción a la metafísica (dictado en 1935 y publicado 1953), Lecciones sobre Hegel (1934), Hölderlin en la esencia de la poesía (1936), y El origen de la obra de arte, que sirvió como base de una obra más amplia titulada Caminos del bosque.

Al acabar la guerra, se le prohíbe enseñar entre 1946 y 1951, periodo en el que escribe Carta sobre el humanismo. A partir de entonces, se retira de la vida pública y se dedica a realizar seminarios como La cosa, El peligro, Qué significa pensar y Tiempo y ser, entre otros.

Después de publicarse la primera edición completa de sus obras, en 1975, Heidegger muere al año siguiente, el 26 de mayo, en Messkirch.

El pensamiento de Heidegger

El principal problema que se plantea Heidegger es la pregunta por el ser como algo constitutivo y fundamental de todo quehacer filosófico, al mismo tiempo que denuncia el olvido de esta cuestión por parte de los mismos filósofos griegos que iniciaron una investigación rigurosa sobre el ser. Platón y Aristóteles no lograron definirlo, sino que oscurecieron su sentido al tratarlo como un ente, como una "presencia" e, incluso, como una simple cópula: aquello que define sin definirse a sí mismo.

Heidegger se propone delimitar con precisión los ámbitos de lo ontológico (ser) y lo óntico (ente), cuya escisión asimiló al primero, al ser, con la permanencia y la eternidad, en oposición al carácter sumamente efímero y cambiante del ente. Esta escisión se pretende eliminar mediante un enraizamiento del ser en la temporalidad.

Heidegger intenta establecer una ontología distinta, una superación de la metafísica tradicional "olvidadiza" de la cuestión del ser, mediante una analítica existencial: es el hombre el que se pregunta por el sentido del ser (Dasein, ser-ahí) y, por lo tanto, todo estudio de esta cuestión requiere un examen previo de lo que es el hombre, entendido no de manera genérica, sino como aquello que abre la visión del ser y a través del cual se deja oír su voz.

El Dasein es el hombre, aquel ser que posibilita que el ser esté presente y pueda ser interpretado, pero no ha de entenderse como una cosa, sino como un poder-ser, como el lugar en el que se manifiestan y despliegan sus posibilidades.

Este poder-ser que es el hombre está condicionado por la facticidad. El Dasein se despliega en el absurdo de lo dado, lugar que le preexiste desde siempre y desde el cual se proyecta irrevocablemente más allá de sí mismo, como forma de realizarse como proyecto: no es todavía lo que tiene que ser y ha de dejar de ser lo que ahora es; el hombre es unaanticipación de sí mismo porque es un ser-en-el-mundo.

Más allá de la filosofía de Husserl, Heidegger propone volcar la fenomenología en lahermenéutica, pues aquélla no está libre de prejuicios ni puede considerarse una descripción neutral y transparente de lo real, ni la propia conciencia un yo imparcial.

Nuestra propia existencia encarna una determinada representación e interpretación del mundo. El ser es lenguaje y tiempo, y nuestro contacto con las cosas está siempre mediado por prejuicios y expectativas como consecuencia del uso del lenguaje. Cualquier respuesta a una pregunta acerca de la realidad se halla manipulada de antemano, ya que siempre existe una precomprensión acerca de todo lo que pienso. Esta precomprensión de las cosas produce una circularidad natural en la comprensión que va de lo incomprendido a lo comprendido, y que ha sido denominada "círculo hermenéutico". Por ejemplo, para responder a la pregunta "¿Qué es una obra de arte?", es necesario saber previamente qué es el arte, ahora bien, ¿cómo conozco éste si no reconozco las obras? El círculo hermenéutico no es exactamente un límite o un error del conocimiento (como condenaría la lógica clásica y el pensamiento científico) sino algo intrínseco al hombre e inevitable, pero que se constituye como una oportunidad que nos permite conocer el todo a través de las partes y viceversa.

El hombre es un decir inconcluso, un proyecto incompleto que debe asumir la muerte como fin radical. Estamos arrojados a un mundo que es nuestro espacio y posibilidad de realización y , por lo tanto, puede ser considerado un utensilio, un instrumento que utilizamos para realizarnos. En la medida en que nos servimos del mundo y lo instrumentalizamos para nuestras acciones y proyectos, creamos una relación con él que varía dependiendo no sólo de los condicionantes históricos y temporales, sino con cada individuo. El hombre crea mundo, hace mundo, dependiendo del uso y de los fines que lleve a cabo.

Heidegger advierte de los peligros de la técnica cuando ésta menoscaba nuestra relación originaria con el ser y nos hunde en la facticidad de los entes, instrumentalizándonos a nosotros mismos y dejándonos atrapar por los propios objetos que hemos creado.

Nuestra existencia es preocupación surgida de la angustia de vernos proyectados en un mundo en el que tenemos que ser a nuestro pesar. Provenimos de una nada y nos realizamos como un proyecto encaminado hacia la muerte, por eso, la angustia es constitutiva del Dasein, porque es la condición de un ser caído y solitario que no puede contar con Dios ni remedio alguno a su condición.

Debemos hacernos responsables de nuestra propia vida, asumir nuestra propia muerte sin dejarnos fagocitar en nuestra relación con los objetos y sus funciones. La vida inauténtica nace del ocultamiento de lo terrible de nuestra condición. La autenticidad consiste, según Heidegger, en reconocer que somos un ser para la muerte, única vía de acceso a la libertad.

Pese al rechazo que ha supuesto su posición política frente al nazismo, es indudable que Heidegger ha sido uno de los filósofos más importantes e influyentes en el nuevo panorama de la filosofía contemporánea, muchas de cuyas corrientes, como el existencialismo y lahermenéutica, se han configurado en un inevitable diálogo con su obra.

Elena Diez de la Cortina Montemayor.

(Ver semblanza filosófica de Sartre)




Fuera del mundo, fuera del pasado, fuera de sí mismo. El hombre no ha de conquistar su libertad, porque está condenado a ella y ha de asumirla sin mala fe, abriéndose a un proyecto sin meta, dioses ni causas: absurdo.

Dramaturgo, novelista, filósofo y teórico político, el pensamiento de Sartre intenta reflejar la totalidad del saber contemporáneo desde una perspectiva antidogmática que hunde sus raíces en el ateísmo. Su existencialismo, corriente filosófica y cultural a la que pertenecen también Heidegger, Jasper y G. Marcel "no es más que un esfuerzo por sacar todas las consecuencias de una posición atea coherente".
"Si Dios existe, al menos hay un ser cuya existencia precede a la esencia, un ser que existe antes de poder ser definido, por ningún concepto, y este ser es el hombre. No hay naturaleza humana porque no hay Dios que la conciba"

Efectivamente, la negación de la existencia de Dios trae como consecuencia inmediata la eliminación de todo esencialismo que postule la existencia de esencias inmutables, formas o naturalezas permanentes. Lo prioritario para el existencialismo no es la esencia, sino la existencia. Es más, es la existencia el lugar desde donde deberá hacerse un análisis sobre el mundo y el hombre: la existencia precede a la esencia.

Para Sartre, el hombre carece de una esencia previa que determine o condicione de antemano su existencia. Antes bien, es el propio despliegue existencial del hombre el que le dota de una esencia, de una determinación susceptible de definirle, de responder a la pregunta socrática ¿qué es?:

"El hombre primero existe, se encuentra, surge en el mundo y después se define. El hombre, tal como lo concibe el existencialismo, si no es definible, es que no es nada. Sólo será después y será lo que se haya hecho a sí mismo".(El existencialismo es un humanismo).

Lo peculiar del hombre es la ausencia de una naturaleza propia que le condicione o que le otorgue un modelo de conducta, o le provea de un destino o un quehacer específico. En esto se diferencia del resto de los seres materiales y naturales, los cuales propiamente no existen, sino que "son", "consisten" en algo:

"El hombre es lo que quiere ser, el hombre es lo que se hace. Este es el primer principio del existencialismo" (El existencialismo es un humanismo).

Inventándose a sí mismo a cada instante, creando sus propios valores, haciéndose al hacerse, el hombre existe y tiene conciencia de su existir: sabe que es pura contingencia, indeterminación absoluta, proyecto siempre inconcluso y constantemente decidible. Por ello, en su novela La náusea el protagonista, Antoine Roquentin toma conciencia de su existencia a través de la angustia de verse desamparado frente a toda elección, respecto a su responsabilidad y su libertad insobornables. Nada puede salvarnos, estamos aquí absurdamente, "de sobra" como todo lo que nos rodea: "todo lo que existe nace sin razón, se prolonga por debilidad y muere por casualidad".

Rehusar esta condición, evadir el ejercicio de nuestra libertad o pretender falsificarla con ficticios determinismos esencialistas es propio de la mala fe, una farsa con la que pretendemos justificar nuestra claudicación frente a la libertad, mediante la cual rechazamos hacernos cargo del proyecto que somos. La mala fe imposibilita y elimina la autenticidad.

Ahora bien, Sartre distingue dos niveles de ser apoyándose en el análisis fenomenológico de la conciencia que antes había llevado a cabo Edmund Husserl.

Según la fenomenología, lo característico de la conciencia es la intencionalidad, es decir: el ser siempre conciencia de algo que no es ella, el consistir en un tender a (intentio) o proyectarse hacia. La conciencia no es, por lo tanto, ningún "en sí", ni tampoco es la operación o el substrato de un "yo". La conciencia se halla despojada de toda estructura "egológica"; sus contenidos estriban en aquello de lo cual es conciencia la conciencia. Ahora bien, ese algo a lo que tiende la conciencia (que se identifica con lo sensible y material) es denominado por Sartre "ser-en-sí", en contraposición al "ser-para-sí" o ser de la conciencia.

El ser-en-sí es lo que se aparece a la conciencia y por lo tanto, no es más que un fenómeno, una manifestación que debe ser develada, descrita fenomenológicamente. Comocaracterísticas propias de lo en-sí Sartre enumera las siguientes: es increado ("aunque hubiese sido creado, el en-sí sería inexplicable por la creación, pues asume de nuevo su ser más allá de éste"), opaco, ("lleno de sí mismo"), macizo ("está aislado en su ser y no mantiene ninguna relación con lo que no es él"); es lo que es ("el ser no puede ser derivado de lo posible ni reducido a lo necesario"). Lo en-sí simplemente es: nada le sobra ni le falta; no contiene ningún "no-ser"; éste lo añade la conciencia, es incumbencia del para-sí.

el ser-para-sí es un tender hacia el ser-en-sí que no es ella. Pero, por su intencionalidad, la conciencia es también conciencia de sí misma, autoconciencia que se da a la par de ser conciencia de lo en-sí. Ahora bien, este sí mismo que es la conciencia, nada añade, porque no es nada, no es un en-sí. Conocer algo es darse cuenta de que yo (que conozco) no soy ese algo conocido, es saber que soy separado, distinto; algo que se da distantemente, creando un abismo entre el en-sí y el para-sí, introduciendo la nada, porque la conciencia no es lo conocido (en-sí) ni tampoco es "algo" lo que conoce, sino el "lugar" donde todo aparecer se produce y todo es reducido a nada: "es un poder ser lo que no se es y de no ser lo que se es".

El ser para-si es el Dasein de Heidegger: el hombre; ser temporal, indeterminación radical que está "condenada a ser libre", a pesar del contexto socio-histórico, de la legalidad, incluso de toda coacción. En última instancia el hombre elige, prefiere, afirma o niega. Cualquier imposición aceptada, asumida aunque sea a regañadientes es una huida frente a la libertad, porque no hay nada que pueda salvarnos ni descargar nuestra libertad, ni siquiera Dios: "Si hemos definido la situación del hombre como una elección libre, sin excusas y sin ayuda, todo hombre que se refugia detrás de la excusa de sus pasiones, todo hombre que inventa un determinismo, es un hombre de mala fe".

Precisamente la idea de Dios no es más que la pretensión fallida de que el ser-en-sí y el ser-para-sí coincidan, coincidencia que es imposible y contradictoria y que caracterizan al proyecto que es el hombre, cuya autenticidad y grandeza le vendrán de asumir que su hacerse no puede retraerse a ninguna norma o criterio, que no hay "norma" o "valor" de lo en-sí que pueda regular su libertad. La idea de Dios es producto de la mala fe .

Ahora bien, además de lo en-sí y lo para-sí, el análisis fenomenológico nos descubre que hay otros seres para-sí que convierten nuestra conciencia en un ser-para-otro. Los otros limitan mi libertad, reducen mi ser a objeto, a ser-en-sí. El otro se me devela en el sentimiento de lavergüenza que me inunda cuando su conciencia ejerce su libertad pensándome como quiera.

Los otros nos poseen, nos hacen su objeto, nos dominan y alienan: "La vergüenza está, en la raíz, vinculada con el hecho de que caí en el mundo" (El ser y la nada).Según Sartre, la esencia de las relaciones entre las conciencias es el conflicto. Ni siquiera el amor escapa al absurdo, ya que mediante él, intentamos cosificar al otro, acapararlo como objeto cuando lo amamos. Tampoco si somos amados escapamos del masoquista deseo de dejarnos atrapar y absorber como si fuéramos un ser-en-sí. Esto justifica la máxima sartreana que afirma que el infierno es el otro.

Elena Diez de la Cortina Montemayor.

(Ver semblanza filosófica de Martin Heidegger)

miércoles, 29 de diciembre de 2010

El ser y el tiempo

Ser y tiempo (en alemán Sein und Zeit, 1927) es el más importante trabajo del filósofo alemán Martin Heidegger. El libro, tal y como se publicó, representa sólo una tercera parte del proyecto descrito en su introducción. Es considerado uno de las obras más importante dentro de la filosofía (la filosofía es llamada por los filósofos analíticos angloamericanos filosofía continental). Permanece como una de las obras que más se ha discutido de la filosofía del siglo XX; muchos puntos de vista y aproximaciones posteriores, tal como el existencialismo y ladeconstrucción, han sido muy fuertemente influenciados por Ser y tiempo, así como gran parte del lenguaje empleado por la filosofía (véaseTerminología heideggeriana: el concepto más importante de la obra es, quizás, el concepto de Dasein, 'ser-ahí').

Contenido

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[editar]El sentido del ser

En esta obra, Heidegger aborda la cuestión del ser: ¿qué significa que una entidad sea? o ¿cuál es la razón por la que hay algo en lugar de nada? Estas cuestiones fundamentales de la ontología, definidas por Aristóteles, fueron el estudio del qua (latín, tr. literalmente 'como', o 'en la capacidad de'). En esta aproximación a la cuestión, Heidegger se coloca entre la tradición de Aristóteles y de Kant, autores que difieren ampliamente en sus posiciones filosóficas respectivas; no aborda la cuestión del sentido del ser desde la perspectiva de la lógica de las proposiciones. Su aproximación tiene implícita la tesis de que el conocimiento teorético no es la más fundamental y originaria relación entre el individuo humano y los entes del mundo que le rodea (incluyéndose a sí mismo).

[editar]Método fenomenológico

Diagrama de Ser y tiempo (alemán).

Ante el rechazo explícito de esta tesis, Heidegger adopta por el contrario una versión del métodofenomenológico, purgando de esta forma los residuos del cognitivismo de Aristóteles y Kant todavía presentes en la formulación husserliana de su método. A diferencia de Husserl, Heidegger no toma como punto de partida el fenómeno de la intencionalidad. Sin embargo, en una nota de ""Ser y tiempo"", Heidegger establece que la base de la intencionalidad es la temporalidad (Sein un Zeit [364]). Así, la estructura existencial de Sorge ('cuidado') refleja un aspecto de la itencionalidad husserliana. Heidegger distingue Sorge, o cuidado, como el ser (ontológico) de Dasein.

El conocimiento teórico representa sólo un tipo de ajuste con el mundo que le rodea, en lugar de ser su último fundamento. Suele dividir el entendimiento entre compresión existencial, es decir aquella que comprende la existencia a través de la existencia misma, y el entendimiento existenciario, que es el análisis teórico de los constituyentes de la existencia. Una entidad es lo que es (es decir: lo que está siendo) pragmáticamente; de esta forma, se nos «muestra» en un contexto de encaje práctico (Heidegger denomina a tal contexto «mundo»), no debido a que posea ciertas propiedades inherentes a la cosa en sí, sino por la intencionalidad que posee. Un martillo es un martillo no por la posesión de atributos de martillo, sino por ser usado para martillar.

[editar]Historia de la edición

Desde la primera edición de Ser y tiempo en el año 1927 Heidegger puso una cariñosa dedicatoria al comienzo de su obra a su profesorEdmund Husserl, que poseía raíces judías. En la quinta edición de 1941 en alemán se obvió esta dedicatoria debido a los consejos que el editor Max Niemeyer dio a Heidegger sobre las consecuencias que podría tener tal acto. En todas las ediciones durante la época del nacionalsocialismo en Alemania no fue posible poner la dedicatoria al libro. En las ediciones posteriores se repuso.

[editar]Otros trabajos

Ser y tiempo es uno de los puntos culminantes en la temprana obra de Heidegger, pero existen otras obras importantes en este periodo, incluyendo Die Grundprobleme der Phänomenologie (Los pro

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ELSA NIDIA FORENTÍN, 50 AÑOS, CASADA HACE 29,HACE , SOY DOCENTE TITULAR EN LA ESCUELA Nº 468 DE LA LOCALIDAD DE LAS TOSCAS, SANTA FE SOY ESCRITORA Y ESTUDIANTE DE LENGUA Y LITERATURA.
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